Cómo las limitaciones artificiales matan la innovación financiera y perpetúan la desigualdad
La discusión sobre las tasas de usura no se trata solo de números. Se trata de libertad económica, acceso a oportunidades y el futuro del crédito en América Latina.
Después de publicar en LinkedIn mi artículo “Las tasas de usura son el verdadero enemigo”, muchas conversaciones giraron en torno a una idea común: ¿por qué el crédito en Colombia y la región parece no alcanzar a quienes más lo necesitan?
La respuesta es simple y profunda a la vez: porque intentamos regular la confianza con decretos.
El costo de controlar el riesgo desde el escritorio
El crédito no es un favor. Es una transacción basada en confianza y riesgo.
Quien presta asume el riesgo de perder su dinero. Quien recibe, asume la responsabilidad de devolverlo.
Y como toda relación económica, ese equilibrio se expresa en un precio: la tasa de interés.
Cuando el Estado impone un límite artificial a esa tasa, rompe el equilibrio.
El prestamista racional se retira del mercado, y el vacío lo llena quien no tiene nada que perder: el crédito informal.
El resultado no es protección, sino exclusión.
️ La paradoja de la “protección”
Los topes de usura nacieron con buenas intenciones: evitar abusos.
Pero como ocurre con toda intervención de precios, el efecto secundario es la escasez.
Quien tiene bajo riesgo accede fácilmente al crédito.
Quien tiene riesgo alto, queda fuera.
Y la necesidad no desaparece: migra al mundo informal.
En otras palabras: las leyes que buscaban proteger al consumidor terminan empujándolo al agiotista.
Un mercado ciego al riesgo real
El sistema financiero formal no puede ofrecer crédito donde el riesgo es alto porque la ley le prohíbe cobrar lo necesario para cubrirlo.
Y el riesgo no es teórico: la morosidad en segmentos populares supera fácilmente el 15%.
Eso significa que si 15 de cada 100 personas no pagan, el prestamista necesita tasas elevadas para seguir existiendo.
No se trata de “ganar más”, sino de no quebrarse.
La evidencia internacional lo demuestra:
En México, donde no hay tasa de usura, existe un ecosistema formal de microcrédito competitivo.
En Colombia, donde hay límites rígidos, el crédito informal mueve billones de pesos al año.
En Europa, los minicréditos legales pueden tener TAE superiores al 1.000%, precisamente porque el riesgo existe y debe ser cubierto.
Lo que Kuenta está demostrando
Desde Kuenta vemos este fenómeno todos los días.
Nuestra plataforma permite a cooperativas, fintechs y negocios ofrecer crédito digital formal, legal y trazable.
Pero incluso allí encontramos una verdad incómoda:
la regulación no entiende los modelos de riesgo dinámico.
Hay productos con plazos de días o semanas donde la tasa efectiva anual puede superar el 100% EA simplemente por efecto del tiempo.
No se trata de abuso, sino de aritmética.
Y sin embargo, la regulación los castiga por “usura”, aunque la operación sea legítima y transparente.
Hacia un nuevo modelo de inclusión real
El crédito no se democratiza con topes, sino con información.
La verdadera protección no está en limitar el precio, sino en asegurar transparencia, trazabilidad y competencia.
Si el cliente entiende cuánto paga, por qué lo paga y qué recibe a cambio, puede decidir libremente.
Y si el mercado es abierto y auditable, la competencia natural se encargará de mantener las tasas justas.
Ese es el principio que inspira a Kuenta:
crear una infraestructura que permita prestar sin miedo y pedir sin vergüenza, con procesos digitales, contratos electrónicos y análisis de riesgo basados en datos, no en decretos.
Innovar sin permiso
Colombia necesita menos miedo a innovar y más confianza en la tecnología.
El crédito digital puede convivir con la regulación, pero la regulación debe actualizarse para entenderlo.
No puede seguir tratándose igual a un banco con depósitos de terceros que a una fintech que presta capital propio con procesos 100 % trazables.
Regular el interés sin entender el riesgo es como regular el precio del agua sin mirar la sequía.
No resuelve nada. Solo posterga la escasez.
✍️ Conclusión
El crédito es una de las formas más poderosas de movilidad social.
Pero mientras sigamos penalizando el riesgo, estaremos castigando precisamente a quienes intentan incluir, innovar y formalizar.
No se trata de eliminar la regulación, sino de modernizarla.
Que el Estado garantice justicia y transparencia, no que decida qué tasa “suena bonita”.
El crédito no es el enemigo.
El verdadero enemigo es la ignorancia del riesgo.
Y ese vacío, cuando no lo llena la educación financiera ni la innovación, lo llena el agiotista.
Kuenta: Validación de identidad | Firma electrónica | Créditos.
Tecnología colombiana para construir crédito formal, responsable y libre.

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